viernes, 13 de noviembre de 2020

EXCLUSIÓN SOCIAL Y EDUCATIVA

 

“Un zapato perdido” de Pablo Gentili -Río de Janeiro, Setiembre de 2001

Pablo Gentili es un Doctor en Educación, argentino, vivió más de 20 años en Río de Janeiro.
Las necesidades familiares eran, como casi siempre, eclécticas: pañales, C.D.s, el último libro de Gioconda Belli y una botella de vino para acompañar el asado. Luego de algunas cuadras, Mateo se durmió plácidamente en su cochecito. Mientras él soñaba con alguna cosa probablemente mágica, percibí que uno de sus zapatos estaba desatado y casi cayendo. Decidí sacárselo para evitar que en un descuido, se perdiera.
Pocos segundos después una elegante señora, me alertó: “¡Cuidado, su hijo perdió un zapatito!”, “gracias – respondí – pero yo se lo saqué”. Algunos metros más adelante, el portero de un edificio de garage, de sonrisa tímida y palabra corta, movió su cabeza en dirección al pie de Mateo, diciendo en tono grave: “el zapato”. Levantando el dedo pulgar en señal de agradecimiento, continué mi camino. Antes de llegar al supermercado, doblando la esquina de la Avenida principal, Isabel una joven vecina igualmente preocupada con el destino del zapato de Teo dijo: “Ey, tu hijo perdió el zapato”. Erguí el dedo nuevamente y sonreí agradeciendo, ya sin tanto entusiasmo.
En el supermercado, los llamados de atención continuaron. La supuesta pérdida del zapato de Mateo no dejaba de generar diferentes muestras de solidaridad y alerta. Llegando a nuestro departamento, Juan, el portero, haciendo gala de su habitual histrionismo, gritó despertando al niño: “¡Mateo, tu papá perdió de nuevo el zapato!”
El sol tornaba aquella mañana especialmente brillante. La preocupación de las personas con el paradero del zapato de mi hijo, aunque insistente, le brindaba un toque solidario que la hacía más alegre o, al menos, fraternal. Sin embargo, una vez a resguardo de los llamados de atención, comenzó a invadirme una incómoda sensación de malestar.
Donde vivo es, como cualquier gran ciudad latinoamericana, un territorio de profundos contrastes, donde el lujo y la miseria conviven de forma no siempre armoniosa. Mi desazón era, quizás, injustificada: ¿qué hace del pie descalzo de un niño de clase media motivo de atención y circunstancial preocupación en una ciudad con centenas de chicos descalzos, brutalmente descalzos?
¿Por qué, en una ciudad con decenas de familias viviendo a la intemperie, el pie superficialmente descalzo de Mateo llamaba más la atención que otros pies cuya ausencia de zapatos es la marca inocultable de la barbarie que supone negar los más elementales derechos humanos a millares de individuos?

La pregunta me parecía trivial. Sin embargo, de a poco, fui percibiendo que aquel acontecimiento encerraba algunas de las cuestiones centrales sobre las nuevas (y no tan nuevas) formas de exclusión social y educativa vividas hoy en América Latina. Y esta sensación, lejos de tranquilizarme, me perturbó todavía más. Traté de ordenar, en vano, mis ideas.
Mientras es “anormal” que un niño de clase media ande descalzo, es absolutamente “normal” que centenas de chicos de la calle anden sin zapatos y deambulando por las calles pidiendo limosnas.
Expresado sin tantos rodeos, lo que pretendo decir es que, hoy, en nuestras sociedades dualizadas (ricos y pobres), la exclusión es invisible a los ojos. La exclusión y sus efectos están ahí. Sin embargo, la exclusión parece haber perdido poder para producir espanto e indignación en una buena parte de la sociedad. En los “otros” y en “nosotros”.
La selectividad de la mirada cotidiana es implacable: dos pies descalzos no son dos pies descalzos. Uno es un pie que perdió el zapato. El otro es un pie que, simplemente, no existe. Nunca existió ni existirá. Uno es el pie de un niño. El otro es el pie de nadie.

La selectividad de la mirada temerosa es implacable: dos pies descalzos no son dos pies descalzos. Uno es el pie de un niño. El otro es el pie de una amenaza. La mirada insegura es blanca. El pie de nadie, el que amenaza, negro.
Sin embargo, el miedo no nos hace “ver” la exclusión. El miedo sólo nos conduce a temerla. Y el temor es siempre, de una u otra forma, aliado del olvido, del silencio. El miedo “aquí en el Sur” es, casi siempre, un subproducto de la violencia. Una violencia cuya vocación es ocultarse, volverse invisible a los ojos de los que la sufren, o presentarse de forma edulcorada en los discursos de la élite que la produce.
La selectividad de la mirada desmemoriada es implacable: dos pies descalzos no son dos pies descalzos, en esta ciudad. Uno es el pie de un niño. El otro, es un obstáculo.
De cierta forma, la normalización de la exclusión comienza a producirse cuando descubrimos que al final de cuentas, en una buena parte del mundo, hay más excluidos que incluidos.
En la historia del zapato de Mateo, lo que distingue dos pies descalzos es el diverso contenido moral atribuido a las respectivas ausencias. Los llamados de atención (a veces solidarios, a veces represivos) ante la supuesta pérdida del zapatito, se contraponen a la ausencia de llamados de atención (indignados o solidarios) ante la pobreza de aquel cuyo pie descalzo es lejos de un descuido, la marca inocultable de la relación social que lo convierte en un niño abandonado. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la escuela?
La historia del zapato de Mateo, en su trivialidad e irrelevancia, sintetiza una cuestión -que quizá sea insoslayable en toda reflexión- sobre la relación entre la exclusión y la escuela
¿En qué medida la práctica educativa contribuye a tornar visibles (o invisibles) los procesos sociales a partir de los cuales determinados individuos son sometidos a brutales condiciones de pobreza y marginalidad? ¿Cuál es el papel de las instituciones escolares en la formación de una mirada que nos ayuda, por ejemplo, a comprender o a desconsiderar los procesos que operan cuando la exclusión se normaliza, cuando se vuelve cotidiana perdiendo poder para producir espanto?
                                                       EJEMPLO DE AFICHE PARA HACER EN LA RESPUESTA 2


No hay cómo evitar la barbarie si no luchamos para transformar, limitar, destruir las condiciones sociales que la producen. El silencio, la atenuación, el ocultamiento edulcorado de la exclusión hacen que ésta se vuelva más poderosa, más intensa, menos dramática y, por lo tanto, más efectiva. La escuela democrática debe contribuir a volver visible lo que la mirada normalizadora oculta. La escuela democrática debe ser un espacio capaz de nombrar aquello que, por sí mismo, no dice su nombre, que se disfraza en los grotescos eufemismos del discurso light, apacible, anoréxico.
Al nombrar la barbarie, la escuela realiza su pequeña, aunque fundamental, contribución política a la lucha contra la explotación, contra las condiciones históricas que hacen de las nuestras, sociedades marcadas por la desigualdad, la miseria de muchos y los privilegios de pocos. Aporta a la lucha contra estas condiciones y contribuye a crear otras.
Es en la escuela democrática donde se construye la pedagogía de la esperanza, antídoto limitado, aunque necesario contra la pedagogía de la exclusión que nos imponen desde arriba y que víctimas del desencanto o del realismo cínico, acabamos reproduciendo desde abajo.

Aquella mañana, el sol tenía un brillo especial. Quizás lo fuera por la risa de Mateo que, ya despierto, me invitaba a revolearme con él, a morderlo, a besarlo, a cantar. Traté de imaginar qué tipo de escuela iba a tener la suerte (o la desgracia) de conocer. No lo sé… Espero que sea una que le permita distinguir la diferencia entre dos pies descalzos, entre un trivial descuido y una brutal negación. Sólo eso. Una escuela que lo ayude a reconocer la diferencia entre dos pies descalzos, y a sentir vergüenza al descubrir que, muchas veces, sólo somos capaces de percibir la existencia de aquel que supuestamente perdió el zapato.

ACTIVIDAD No. 3:
1- Si tuvieras que contarle a alguien de qué trata este texto, ¿cómo se lo diría? No es necesario contar en detalle la anécdota, sino más bien todo lo que generó de reflexión para este autor sobre la exclusión y diferencias sociales. No te olvides de mencionar qué lugar ocupa en este tema la Escuela.

2- Con respecto al tema de "EXLUSIÓN EDUCATIVA", busca en este texto alguna frase que sintetice o le de una referencia clara al tema. Luego de elegir dicha frase, arma un cartel con imágenes, con algún diseño que te guste. Recuerda que la imagen debe ser bien representativa de esa frase elegida  "una IMAGEN vale más que mil palabras"
Podés usar esta plataforma para el diseño: 
o también www.genial.ly o cualquiera que conozcas.
Si no tenés esta posibilidad, podés hacer un pequeño afiche en papel, donde aparezca la frase y alguna imagen que podes recortar o dibujar o copiar de alguna imagen que encuentres. Luego le sacas foto para enviarla por email

FECHA DE ENTREGA: 20 DE NOVIEMBRE 2020  e-mail: daniel.rocchia@bue.edu.ar

miércoles, 4 de noviembre de 2020

EDI: Recorridos Institucionales - LAS ESCUELAS NORMALES

Nuestra escuela, Normal 11,  es una de las muchas Escuelas Normales que se crearon en nuestro país con un motivo bien específico. Con el correr del tiempo y de las necesidades culturales y sociales, dichos objetivos se fueron transformando hasta llegar a lo que hoy son estas escuelas normales. Aquí les propongo un pequeño recorrido desde la fundación de la primera escuela normal a finales del S XIX.


(Texto extraído y sintetizado de la revista Sociales y virtuales de la Universidad Nacional de Quilmes- autora:Romina Altamirano  http://socialesyvirtuales.web.unq.edu.ar/archivo-2/syv-nro-5/articulos/el-proceso-de-oficializacion-de-la-docencia/ )

"Hacia la segunda mitad del siglo XIX, tras un largo proceso independentista y arduos intentos por conformar un poder nacional, se constituyó el Estado argentino. Esto supuso la conformación de una instancia política que pretendía la dominación de la sociedad mediante la organización del poder a través de instituciones específicas. Entre ellas, la educativa, que tenía el propósito de reproducir el orden sociopolítico vigente a través de la trasmisión de los saberes socialmente relevantes que permitirían la incorporación del individuo al mundo social. Es así que fue preciso formar mano de obra reproductora de la ideología estatal a través de las instituciones oficiales, con títulos habilitantes para el ejercicio de la docencia. A continuación, se pretende desarrollar el proceso de conformación y oficialización de las escuelas normales en nuestro país.


En el período comprendido entre 1880 y 1916 se llevó a cabo en nuestro país un modelo estatal denominado Estado oligárquico liberal, caracterizado por ser una organización política de poder centralizado. La autoridad la ejercía un sector de la sociedad, compuesto por productores-exportadores y financistas. Ellos conformaron la oligarquía que ejerció el poder en función de sus propios intereses y procuró la imperiosa restricción en la participación y toma de decisiones. En materia económica, se desarrolló el modelo productivo agroexportador que benefició a la clase dirigente, además de contribuir al desarrollo a través de la exportación y el ingreso de capitales extranjeros.

Al tratarse de un modelo sociopolítico que respaldaba las libertades civiles y limitaba las libertades políticas, se promovió la integración y modernización social creando un sistema educativo organizado y monopolizado por el Estado, y se sancionó la Ley de Educación Común N° 1.420 que explicitó el carácter obligatorio, gratuito, gradual y laico de la educación primaria. Por ello, todos los individuos, de diferentes clases sociales, tendrían la oportunidad de acceder a las escuelas del Estado recibiendo la misma calidad educativa, pero mientras tanto las desigualdades sociales seguirían siendo una marca constitutiva del país. La educación se transformó en una estrategia de integración nacional y uniformadora de experiencias, ya que se propuso inculcar a los individuos los conocimientos que les permitirían incorporarse al mundo social y constituir una identidad nacional.

Al ser el objetivo del sistema educativo el proceso de homogeneización y el fortalecimiento del poder del Estado, fue preciso contar con recursos humanos capacitados para cumplir con esta tarea. Fue así que se crearon las escuelas normales, como instituciones oficiales nacionales, que tenían el objetivo de capacitar a los maestros que, luego, ejercerían la función de enseñar, en el marco de la instrucción pública, a las nuevas generaciones.

La primera Escuela Normal Nacional fue fundada por Domingo Faustino Sarmiento en el 1870 en Paraná. En ella se brindaba formación teórica, mediante el Curso Normal, y formación práctica, a través de la aplicación de los saberes y habilidades adquiridas en la Escuela Modelo de Aplicación, adonde concurrían niños para recibir la educación básica. Las ideas sarmientinas marcaron la educación durante este período. El pensamiento de Sarmiento, signado por la hazaña de la eliminación del analfabetismo, lo llevó a intentar el logro de una sociedad civilizada y educada. Para esto, era preciso contar con agentes reproductores del pensamiento hegemónico dominante. Así, se dio inicio a la red de escuelas normalistas que tuvieron como modelo a la Escuela Normal de Paraná, que fue la encargada de establecer la “norma”, es decir, las pautas y normativas que, luego, se extenderían al resto del sistema."

La Escuela Normal Superior número 11 fue fundada el 25 de Julio de 1955 como Liceo Nacional de Señoritas Nro. 11 y luego se transforma en la escuela Normal Nacional Nro. 11 según el expediente 85873/59 y 70168/60.

ACTIVIDAD (para enviar por e-mail: daniel.rocchia@bue.edu.ar) antes del lunes 16 de noviembre
1- ¿Cuál era el contexto social y político en que surgen las Escuelas Normales y cuál era su principal objetivo? ¿Cuáles eran las ideas de Sarmiento en relación a este tipo de escuelas y qué influencia tuvo la ley 1420?
2- ¿Cómo está organizada la Escuela Normal 11? Comente sobre los niveles educativos que contiene, conformación de cargos jerárquicos, cantidad de divisiones por curso, planes de estudios del secundario y terciario, importancia de la Escuela en el barrio, etc.
3- Les propongo ahora contar algo de la historia de la Escuela y agregarla al Padlet. Pueden poner algún dato o curiosidad que investiguen: ¿siempre funcionó en ese edificio? ¿alguna foto de la inauguración? ¿Con cuántos niveles cuenta? ¿qué cantidad de alumnxs tiene en total? ¿y sólo en el secundario? ¿de qué proyecto educativo participaste en años anteriores? ¿alguien fue al jardin o primaria? etc.. A los datos que agreguen, intenten acompañar con alguna imagen que haga de soporte de ese texto... yo dejo un dato de inicio... 
LINK para ingresar y postear en el Padlet: https://padlet.com/danielrocchia/mj5q2wiwzq9hlev1

FECHA DE ENTREGA: 13 de noviembre - email: daniel.rocchia@bue.edu.ar

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